En direct de Brigitte Pazot

junio 10, 2021

Para cualquier urbanita sensible a su presencia, las antenas constituyen por si mismas una comunidad claramente definida dentro del paisaje urbano de Barcelona. Ya sea por la luz, ya sea por su ubicación o su complexión urbana, la ciudad invita a elevar la mirada y a explorar todos los mundos posibles que nos ofrece su ecleptica personalidad.

En nuestro caso, que siempre tratamos de elevar la mirada con el propósito de descubrir donde habitan ciertos mundos supraurbanos, encontramos, de pronto, el perfil altivo y anguloso de un grupo de antenas observando, en silencio, la gran ciudad desde su azotea. Desde aquel momento, no hemos dejado de dirigir nuestra mirada hacia la montaña, donde es fácil distinguir familias enteras de antenas encaramadas sobre los tejados y los áticos de la ciudad. Muchas parecen adoptar una postura de bienvenida o de espera contenida. Otras viven solas y orgullosas ancladas a la atalaya blanca que sobresale del tejado. Otras, por el contrario, parecen espantapájaros a merced del viento, agitando con rabia sus brazos impotentes, como conscientes de su lento deterioro.

Pero, más allá de la mirada humanizada que podamos tener de las antenas de Barcelona, encontramos un punto de inflexión allí donde su lenguaje se convierte en arte. Quién está acostumbrado a escuchar el murmullo de un rio, no puede escapar al influjo que ejerce sobre él un cierto rumor eléctrico que emana desde las alturas. Como botellas que contienen un mensaje, las ondas se derraman eternas por el aire, a pesar del ruido, hasta que alguien las encuentra y las recoge.

El artista, que sabe interpretarlas, solo tiene que pintar lo que le dictan: ondas que se retuercen, que se funden y se desbordan dando lugar a un sin fin de lineas, colores y formas. Su imagen desnuda y enmarcada en el azul eléctrico del cielo barcelonés, participa también de este diálogo supraurbano del arte. Su frágil figura representa todo un continente de vibraciones humanas. Nuestras risas, nuestros anhelos… todo se encuentra ahí, estático, eléctrico, esperando a ser descodificado tras el chasquido desencadenante. Así, con esta intención, Brigitte Pazot nos acerca, a través de sus obras, un mundo y una mirada muy particular de las antenas de Barcelona a través de la fotografía, la poesía, la pintura y el vídeo.

Esta tarde a partir de las 18h en Galería Alalimón en C/ Mèxic de Barcelona.

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